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Tur Bus apoyó Expedición Volcanes del Norte 2009

La expedición a los volcanes de la XV región, llevada a cabo por el Club Andino Universitario, es ya toda una tradición. Por eso, el año 2009 no podía estar ajeno a tenerla entre sus días sobre todo al contar con el apoyo de Tur Bus para los traslados.

La expedición abarco los Quimsachatas –volcanes Acotango y Guallatiri, con 6.052 y 6.063 msnm respectivamente- y luego de un par de días de descanso en Putre, ascender los Payachatas –volcanes Pomerape y Parinacota, con 6.282 y 6.342 metros de altura cada uno-.

 

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Resumen de la Expedición:

Relato de Agustín Denegri O.

Preparación y comienzo de la expedición

Desde principios de año empezamos a trabajar para que todo resultara como tiene que ser y así poder vivir una experiencia  tan valiosa como es estar más de tres semanas en el altiplano chileno, aguantando su aridez y hostilidad, pero a la vez, contemplando lo bello y maravilloso de sus paisajes, su fauna y su particular flora.

Armar una expedición de este tamaño no es sencillo. Se requiere mucha planificación, logística, entrenamiento y dedicación casi a tiempo completo. Esto sin considerar el financiamiento y el equipo técnico necesario para poder alcanzar las cumbres y regresar íntegramente a nuestras casas, después de estar a esa altitud y temperatura. Para ello, recurrimos a diferentes organizaciones, instituciones y a la empresa privada para solicitar apoyo y todo tipo de recursos, de tal manera que nos faciliten el desarrollo de la expedición.

Luego de dicho proceso de preparación, en el cual, por cierto, muchos quedaron en el camino, se tomó la decisión de que intentaríamos cuatro cumbres: en una primera etapa serían los Quimsachatas –volcanes Acotango y Guallatiri, con 6.052 y 6.063 msnm respectivamente- y luego de un par de días de descanso en Putre, ascender los Payachatas –volcanes Pomerape y Parinacota, con 6.282 y 6.342 metros de altura cada uno-.
Después de algunos pormenores el día 13 de julio comenzó el viaje de 13 montañistas hacia Arica desde el terminal Tur Bus de Santiago. Allí pasaríamos una noche para tomar, al día siguiente, el bus hacia Putre -3.600 msnm-, en donde alojaríamos en el Regimiento de Montaña Huamachuco, que muy cordialmente nos facilitó el Ejército de Chile. El clima pintaba para bien y no había amenazas de mal tiempo, lo que nos tenía bastante contentos.

Los Quimsachatas

Luego de unos días de aclimatación –proceso de adaptación a la altura al cual todo montañista debe someterse- en Putre, abordamos el día 18 de julio, junto a nuestras mochilas, piolets y bidones de agua, los dos camiones que nos llevaría al campamento base común para el Guallatiri y el Acotango a 5.050 metros de altura.

El lugar era sobrecogedor y contaba con excelentes pircas para resguardarnos del fuerte viento. Luego de un día de descanso, salimos a las 03:00 horas para en vano intentar la cumbre del Guallatiri: pero el Inti -dios inca que representa al sol- no nos quiso cerca de él y nos obligó a intentar nuevamente la cumbre al día siguiente. Aprovechando la excelente aclimatación, esta vez, y pese a que el viento era de unos 80 km/h, el nuevo intento resultó de manera exitosa para gran parte del grupo ¿La vista? sencillamente impresionante. El descenso hacia Guamatango –así llamamos el campamento base por fusionar los nombres de los dos volcanes-, no tuvo contratiempos.

Dos días después, alrededor de las 02:00 horas, con un viento bastante helado, estábamos iniciando nuestro rumbo hacia el segundo Quimsachata, el Acotango. Dado que el cansancio por el volcán anterior se estaba manifestando en algunos de nosotros, sumado al intenso frío, poco a poco comenzamos a abandonar al grupo y regresar al campamento con la esperanza de cumbre depositada en unos pocos. Sin embargo, pasados unos 5.800 metros, sobre el glaciar sureste, el frío comenzó a congelar sus pies y el viento empezó a golpear sus rostros sin piedad. Debido a la fuerza de la ventisca, lo prudente en el minuto fue comenzar a bajar. Rápidamente desarmamos el campamento y partimos a Putre a recuperar energías.

Todo era fabuloso. La comida, el alojamiento, la ducha y el hecho de sacarse hasta por los codos la arena del cuerpo, y el descanso en el regimiento fueron clave para retomar fuerzas para los Payachatas, que tienen en promedio 250 metros de altura más y por ende, son más largos, fríos y pesados que los Quimsachatas. Un baño termal en las termas aledañas al regimiento fue realmente impagable en el transcurso del día y medio que pasamos en Putre. Eso sí, tuvimos que despedirnos de tres compañeros que nos tuvieron que abandonar por diferentes razones.

Los Payachatas

25 de julio en la mañana. Los diez que quedábamos despertamos ansiosos para cargar por segunda vez los tambores de expedición, las mochilas y los bidones en el camión que nos llevaría al término del bofedal de Caquena, que es donde comienza el sendero para ascender el Parinacota, que sería nuestro primer Payachata. El itinerario contemplaba trasladar desde ahí lo mínimo hacia el Campo Alto, para al día siguiente portear –trasladar de un campamento a otro- la parte del equipo, agua y alimento restante. Al día siguiente, fuimos visitados por una tormenta de nieve y viento, muy inusual para la época. Mala cosa para el montañista, pero asombrosa para la vista: ver el altiplano nevado desde lo alto es un panorama verdaderamente espectacular. Por lo mismo, decidimos atrasar en un día el ataque de cumbre para ver si mejoraba el clima.

Partimos cerca de la medianoche por la vertiente oeste del volcán. El frío era evidente y nuestros pies sufrían con cada paso. Por ende, a medida que pasó la noche, fuimos cayendo poco a poco, hasta que cerca del alba, sólo quedaban tres de nosotros rumbo a la cumbre. Vía radio nos enteramos que luego de varias horas de una caminata expuesta a través de penitentes, viento, nieve y hielo cristal, habían coronado exitosamente la segunda cumbre de la expedición: el Lago Chungará, el cráter del Parinacota y sus glaciares colgantes eran sólo para ellos.

Ya de regreso, sólo faltaba pasar la noche en paz y descansar para al día siguiente  hacer el último traslado de campamento hasta la base del Pomerape. Eran unos duros 13 kilómetros con mucho equipo en la espalda, bidones de agua y tambores con comida a través del portezuelo que se forma entre los Payachatas, por lo que una hidratación y alimentación adecuada era fundamental.
El trayecto fue largo y muy pesado. Llegamos alrededor de las 23:00 horas al campamento base del Pomerape. Sin duda era necesario tomarnos un día para descansar, hidratarse y recuperarse de lo vivido, esto a pesar de que estábamos contra el tiempo.

Once de la noche del 30 de julio. El altiplano no perdonaba con la temperatura y pese a que un par de nosotros había decidido no partir dado el cansancio acumulado tras casi 12 días sobre 5.000 metros de altura, algunos regresaron al campamento a pocos minutos de comenzada la marcha y otros al cabo de un par de horas. Claramente la altitud y el clima estaban pasándonos la cuenta. Sin embargo, esto no fue obstáculo para que después de una ardua jornada en contra de la montaña, tres de nosotros se posaran en la cumbre del Pomerape pasado el medio día. El descenso fue lento y tuvimos más de algún contratiempo para regresar al bofedal.

Finalmente, ya de regreso en el regimiento, pudimos reírnos y gozar con la experiencia vivida, compartir con nuestros amigos militares y tomar una rica ducha con agua caliente. Luego de eso, viajamos de regreso a Arica, e inmediatamente comenzaron las 30 horas hacia Santiago sobre nuestro Tur Bus. Cabe destacar que algunos valientes partieron al Nevado Sajama -6542 msnm-, la mayor cumbre de nuestro vecino país, Bolivia, coronándola después de 3 días.

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